La resistencia a los antibióticos es uno de los grandes retos actuales para la salud pública y el medio ambiente. Aunque suele asociarse principalmente al ámbito sanitario, su propagación también puede estar relacionada con el agua y con la forma en que se gestionan determinados efluentes.
Las aguas residuales hospitalarias pueden contener restos de antibióticos, metabolitos farmacológicos, microorganismos y bacterias resistentes. Si estos compuestos no se tratan adecuadamente, pueden llegar a las estaciones depuradoras o al medio acuático, favoreciendo la presencia de bacterias resistentes y genes de resistencia en el entorno.
En este contexto, el tratamiento previo de las aguas residuales hospitalarias se convierte en una medida importante para reducir riesgos ambientales y sanitarios. Entre las tecnologías analizadas en la literatura científica, la ozonización aparece como una alternativa de gran interés por su capacidad para actuar sobre microorganismos y determinados contaminantes farmacológicos.
Aguas residuales hospitalarias: una vía de propagación silenciosa
Los hospitales generan efluentes con una composición especialmente compleja. En ellos pueden encontrarse antibióticos, residuos de medicamentos, microorganismos y bacterias multirresistentes.
El problema no se limita únicamente a la presencia de estas bacterias. También pueden aparecer genes de resistencia a antibióticos, es decir, material genético asociado a la resistencia que puede favorecer la transmisión de este problema entre microorganismos.
Por ello, el tratamiento de estas aguas no debe entenderse solo como una cuestión de depuración convencional. También forma parte de una estrategia más amplia para limitar la dispersión ambiental de la resistencia antimicrobiana.
El papel del ozono en el tratamiento avanzado del agua
El ozono es un agente oxidante utilizado desde hace tiempo en el tratamiento de aguas residuales. Su interés en este ámbito se debe a su capacidad para reaccionar con diferentes componentes presentes en el agua y afectar a estructuras esenciales de los microorganismos.
Según la revisión analizada, el ozono puede oxidar enzimas clave de las células bacterianas, dañar el ADN bacteriano e inactivar microorganismos. También puede provocar la oxidación de la pared celular, de los componentes celulares y del material genético. Esta acción explica su utilidad como tecnología de desinfección en aguas con carga microbiológica compleja.
Además, el documento señala que el ozono puede inactivar numerosos patógenos, incluidas bacterias resistentes a los antibióticos. Las bacterias gramnegativas, en particular, pueden ser más susceptibles a la ozonización, ya que el ozono aumenta la permeabilidad de sus membranas celulares.
Resultados relevantes frente a bacterias y genes de resistencia
La revisión recoge estudios en los que la ozonización consiguió reducciones importantes en bacterias indicadoras y genes de resistencia. En uno de los trabajos citados, el tratamiento con ozono redujo la abundancia de E. coli y enterococos en un 99,2 % y 99,7 %, respectivamente.
También se observaron reducciones relevantes en distintos genes de resistencia a antibióticos evaluados. Estos datos muestran el potencial del ozono como herramienta dentro de los sistemas avanzados de tratamiento de aguas, aunque la revisión recuerda que la eficacia puede variar según las características del agua, la dosis aplicada y el tipo de microorganismo o material genético presente.
Sin embargo, el propio artículo insiste en una idea clave: ningún método de desinfección es completamente eficaz en todos los casos para eliminar bacterias resistentes y genes de resistencia. Por eso, cada tratamiento debe ajustarse a las características del agua y verificarse experimentalmente.
Más allá de la desinfección: degradación de antibióticos
Una de las cuestiones más interesantes del ozono es que su función no se limita a la desinfección microbiológica. La revisión señala que la ozonización también puede contribuir a la degradación de antibióticos presentes en aguas residuales hospitalarias.
El ozono actúa por oxidación y puede reaccionar con contaminantes orgánicos, incluidos determinados antibióticos, rompiendo enlaces químicos y transformándolos en otros productos. En algunos estudios revisados, procesos basados en ozono lograron reducciones relevantes de compuestos como amoxicilina, ciprofloxacino, oxitetraciclina o fluoroquinolonas.
Este punto es especialmente importante, porque los residuos de antibióticos presentes en el agua pueden favorecer la propagación de la resistencia antimicrobiana. No obstante, la revisión también recuerda que los productos generados tras la ozonización deben controlarse para asegurar que no supongan un nuevo riesgo ambiental.
Una tecnología eficaz, pero dependiente de los parámetros
El uso del ozono en aguas residuales hospitalarias requiere control técnico. La dosis, el tiempo de contacto, la concentración de ozono, el pH, la materia orgánica presente y el tipo de contaminante influyen directamente en la eficacia del proceso.
La revisión señala que la eficacia antimicrobiana de la ozonización depende de la pureza del agua, el tiempo de contacto y la concentración de ozono. También advierte que la presencia de materia orgánica puede dificultar la degradación completa de los genes de resistencia, lo que obliga a ajustar correctamente los parámetros de tratamiento.
En este sentido, el documento destaca que la combinación de tecnologías puede mejorar los resultados. Procesos como UV/ozono o sistemas de oxidación avanzada pueden reforzar la eliminación de bacterias resistentes, genes de resistencia y antibióticos en aguas con alta carga contaminante.
Conclusión
Las aguas residuales hospitalarias representan un punto crítico en la lucha contra la resistencia a los antibióticos. Su composición puede incluir bacterias resistentes, genes de resistencia y restos de medicamentos, lo que hace necesario aplicar tratamientos eficaces antes de su vertido o incorporación a otros sistemas de depuración.
La ozonización destaca como una tecnología de gran interés por su doble capacidad: desinfectar y oxidar contaminantes. Los estudios revisados muestran resultados prometedores en la reducción de bacterias resistentes, genes de resistencia y determinados antibióticos.
No obstante, su eficacia depende de una aplicación técnica adecuada y de la correcta adaptación del proceso a cada tipo de agua. Desde esta perspectiva, el ozono se consolida como una herramienta avanzada con potencial para reforzar la seguridad ambiental y sanitaria en el tratamiento de aguas residuales hospitalarias.
Referencia: Stefaniak, K., Harnisz, M., Mecik, M., & Korzeniewska, E. (2025). ARB inactivation, ARGs and antibiotics degradation in hospital wastewater. ArXiv.org. https://doi.org/10.48550/arxiv.2506.03630