En acuicultura, el agua no es solo el lugar donde viven los peces. También puede convertirse en una vía de propagación de microorganismos que afectan al bienestar animal y al funcionamiento del sistema productivo. Por eso, las nanoburbujas de ozono en acuicultura se estudian como una vía de interés para reforzar el control microbiológico del agua de cultivo.
Controlar la calidad microbiológica del agua es una parte esencial de la bioseguridad. Cuando determinadas bacterias patógenas aumentan en el medio acuático, también crece el riesgo de brotes infecciosos y la necesidad de intervenir sobre el sistema de cultivo.
En este contexto, las nanoburbujas de ozono se estudian como una tecnología de interés para reducir la carga bacteriana del agua. Un estudio publicado en Aquaculture analizó su aplicación en agua dulce frente a bacterias patógenas de peces y evaluó su seguridad en tilapia del Nilo (Oreochromis niloticus).
El agua también forma parte de la bioseguridad
En los sistemas acuícolas, la salud de los animales no depende únicamente de la alimentación, la temperatura o el oxígeno disuelto. La calidad microbiológica del agua también tiene un papel clave.
Algunas bacterias pueden permanecer en el medio y propagarse con facilidad, especialmente en sistemas intensivos o con alta densidad de cultivo. Cuando esa carga bacteriana aumenta, el agua puede convertirse en un factor de riesgo.
Por eso, el tratamiento del agua se ha convertido en una línea importante para reforzar la bioseguridad en acuicultura. El objetivo no es tratar directamente al pez, sino reducir la presión microbiana del entorno en el que vive.
Qué tienen de especial las nanoburbujas de ozono
Las nanoburbujas son burbujas extremadamente pequeñas que permiten incorporar gases al agua de forma muy fina y estable. En el caso de las nanoburbujas de ozono en acuicultura, este formato busca mejorar el contacto del gas con el medio acuoso y favorecer su acción oxidante en el agua de cultivo.
El ozono es conocido por su capacidad para actuar frente a microorganismos. Sin embargo, en agua presenta algunas limitaciones: se descompone con rapidez, su eficacia depende de las condiciones del medio y una aplicación excesiva puede afectar a los organismos acuáticos.
En el estudio analizado, una exposición de 10 minutos generó aproximadamente entre 2 y 3 × 10⁷ burbujas por mililitro, con la mayoría de burbujas por debajo de 130 nanómetros.
Este dato ayuda a entender el interés de la tecnología: no se trata simplemente de añadir ozono al agua, sino de incorporarlo mediante una dispersión muy fina que puede favorecer su contacto con los microorganismos presentes en el sistema.
Una reducción bacteriana que llama la atención
El estudio evaluó las nanoburbujas de ozono frente a dos bacterias relevantes en peces: Streptococcus agalactiae y Aeromonas veronii.
Tras una exposición de 10 minutos, los resultados fueron muy claros:
- Streptococcus agalactiae se redujo un 96,11 %.
- Aeromonas veronii se redujo un 97,92 %.
Estas cifras muestran que una única aplicación logró disminuir de forma notable la carga bacteriana en agua dulce inoculada con estos microorganismos.
Cuando el tratamiento se repitió, la reducción fue todavía mayor, alcanzando valores próximos al 99,99 % en las condiciones experimentales del ensayo.
La lectura práctica es importante: las nanoburbujas de ozono pueden contribuir a reducir de forma significativa bacterias patógenas en el agua. Pero estos resultados proceden de condiciones controladas, por lo que deben interpretarse con rigor antes de trasladarlos a una instalación real.
Cuando el agua es real, el reto aumenta
Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que los investigadores no se quedaron solo en agua limpia inoculada con bacterias. También probaron el tratamiento en agua procedente de tanques de tilapia.
Este tipo de agua contiene materia orgánica: restos de alimento, heces, mucus y flora bacteriana propia del sistema. En otras palabras, se parece mucho más a lo que puede encontrarse en una instalación acuícola.
En estas condiciones, la eficacia inicial fue menor:
- Tras el primer tratamiento, la reducción bacteriana fue del 59,63 %.
- Tras el segundo, alcanzó el 87,25 %.
- Tras el tercero, llegó al 99,29 %.
Este resultado es especialmente útil porque muestra una realidad técnica: la materia orgánica puede competir con el ozono y reducir su eficacia inicial.
Por eso, en acuicultura no basta con hablar de “ozono” de forma general. Hay que tener en cuenta la carga orgánica del agua, la frecuencia de tratamiento, el diseño del sistema y el estado real del cultivo.
Eficacia sí, pero con seguridad para los peces
El estudio también evaluó un punto fundamental: la seguridad del tratamiento para la tilapia del Nilo.
Tras una exposición única de 10 minutos con nanoburbujas de ozono, no se observó mortalidad durante el tratamiento ni en las 48 horas posteriores. Además, el análisis de las branquias no mostró alteraciones tras esa primera exposición.
Este dato es relevante porque las branquias son una estructura especialmente sensible. Están en contacto directo con el agua y pueden verse afectadas si las condiciones del tratamiento no son adecuadas.
Sin embargo, cuando la exposición se repitió dos o tres veces en el mismo día, sí se observaron alteraciones en los filamentos branquiales, como congestión y cambios en las láminas secundarias.
La conclusión es clara: la eficacia del ozono debe ir siempre acompañada de control técnico. Una aplicación concreta puede ser segura bajo determinadas condiciones, pero eso no significa que cualquier dosis, frecuencia o exposición lo sea.
Una herramienta para reforzar el sistema, no una solución automática
Las nanoburbujas de ozono representan una línea de investigación prometedora para la acuicultura. Su valor está en reducir la carga bacteriana del agua y contribuir a una mejor bioseguridad del sistema.
Además, el estudio señala un posible beneficio añadido: el aumento del oxígeno disuelto derivado de la descomposición del ozono en oxígeno. En sistemas acuícolas, donde la calidad del agua es un factor crítico, este aspecto puede resultar especialmente interesante.
Aun así, los propios resultados muestran que esta tecnología requiere prudencia. La eficacia cambia cuando el agua contiene materia orgánica, y la seguridad depende de no exceder las condiciones adecuadas de aplicación.
Por tanto, su uso debe plantearse como parte de una estrategia técnica de gestión del agua, no como una solución uniforme aplicable de la misma manera en cualquier instalación.
Conclusión
El estudio sobre nanoburbujas de ozono en agua dulce muestra resultados muy interesantes para el control microbiológico en acuicultura. En las condiciones evaluadas, el tratamiento redujo de forma notable bacterias patógenas relevantes para peces y también mostró eficacia en agua procedente de tanques de cultivo.
La investigación también deja un mensaje importante: en acuicultura, la reducción microbiana debe ir siempre acompañada de seguridad para los animales. Una exposición única no produjo mortalidad ni alteraciones branquiales observables, pero las exposiciones repetidas sí generaron cambios en las branquias.
Desde esta perspectiva, las nanoburbujas de ozono en acuicultura se posicionan como una tecnología de interés para reforzar la bioseguridad del agua, siempre bajo parámetros controlados y adaptados a cada instalación.
Referencia: Jhunkeaw, C., Khongcharoen, N., Rungrueng, N., Sangpo, P., Panphut, W., Thapinta, A., Senapin, S., St-Hilaire, S., & Dong, H. T. (2021). Ozone nanobubble treatment in freshwater effectively reduced pathogenic fish bacteria and is safe for Nile tilapia (Oreochromis niloticus). Aquaculture, 534, 736286. https://doi.org/10.1016/j.aquaculture.2020.736286
Escriba un comentario